una amplia avenida de alguna ciudad,
perdía altura pero remontaba
aquél vuelo raso a gran velocidad.
Fué tan vívido que lo recordaba
ya despierta con diáfana claridad,
y reviviéndolo experimentaba
una extraña sensación de liviandad.
Tanto es así que mirando a las aves
sentí que el cielo podría atravesar
como el que tiene en su mano las llaves.
Y todavía cuando comienzo a andar
no veo aceras, calzadas ni enclaves,
sólo siento cual si fuese a despegar.





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